Con motivo del Día Mundial de la Salud Mental, el pasado 10 de octubre, alertamos del deterioro que esta ha sufrido en la infancia y la adolescencia en los últimos años y reclamamos más inversión para desarrollar políticas preventivas e identificar, diagnosticar e intervenir en un primer momento, cuando el pronóstico es mas favorable. Además, aquellos niños, niñas y adolescentes que han perdido el cuidado parental o están en riesgo de perderlo, dada su situación de vulnerabilidad, tienen un riesgo más elevado de que su salud mental se vea afectada, razón por la cual precisan de más apoyos.
El 8 % de los niños y niñas y el 14 % de los adolescentes viven con un problema de salud mental, y el 80 % de las personas que requieren atención especializada no la reciben. Las consecuencias de no abordar adecuadamente la salud mental de niños, niñas y adolescentes son graves. El trauma y las dificultades psicológicas no resueltas pueden obstaculizar su desarrollo y limitar sus oportunidades para llevar vidas plenas y alcanzar su máximo potencial.
Si no se tratan, los problemas de salud mental pueden llevar a los adolescentes y jóvenes a abandonar el sistema educativo, además de dificultar su capacidad para trabajar y construir relaciones duraderas, y no podemos olvidar que el suicidio es la principal causa de muerte en España en adolescentes y jóvenes que tienen entre 15 y 29 años.
La inversión en salud mental ha de llegar a las familias que viven situaciones de vulnerabilidad. Los entornos familiares inestables y difíciles, ya sea por sus circunstancias socioeconómicas o por otros motivos, pueden impactar negativamente en la salud mental de los niños y niñas.
A más vulnerabilidad, mayor riesgo para la salud mental
Los niños, niñas y adolescentes que han perdido el cuidado parental o están en riesgo de perderlo están expuestos a un mayor riesgo de sufrir problemas de salud mental. De hecho, el 30 % de los niños y niñas que crecen en acogimiento experimentan problemas de salud mental en la edad adulta, casi el doble de las estimaciones para la población general.
A menudo, han experimentado altos niveles de estrés, vivencias traumáticas y experiencias adversas durante la infancia, incluida la separación de su familia. La separación de un niño o niña de su familia afecta su capacidad para confiar en los demás y construir relaciones sanas y tiene serias consecuencias para el desarrollo de su personalidad, incluyendo baja autoestima, trastornos del apego y ansiedad. Por eso, el trabajo terapéutico adecuado, la creación de entornos seguros y confiables y sus capacidades de resiliencia son fundamentales.
Además, la presión sobre la salud mental de los niños, niñas y adolescentes que crecen en cuidado alternativo se ve exacerbada cuando llegan a la mayoría de edad y tienen que abandonar el sistema de protección, quedándose con poca o ninguna ayuda para gestionar su tránsito a la vida independiente.
Estos jóvenes necesitan apoyos adecuados si no queremos que se vean abocados a la exclusión social. Esto incluye apoyo financiero, acceso a la vivienda y oportunidades de empleo, todo lo cual es beneficioso para su bienestar mental y, por lo tanto, fortalece su capacidad para construir sus vidas de forma independiente.
En Aldeas trabajamos para que el derecho a una buena salud mental sea una realidad para los niños, niñas, adolescentes y jóvenes en situación de vulnerabilidad. En todos nuestros programas, ya sean de acogimiento, preventivos o de apoyo a los jóvenes, facilitamos atención psicológica individual a niños, niñas, adolescentes y jóvenes que viven situaciones difíciles a nivel personal o familiar. Además, contamos con servicios de terapia familiar para evitar un empeoramiento de situaciones de riesgo, a la vez que contribuye a mejorar las relaciones familiares, dotándolas de las herramientas necesarias.
Realizamos, asimismo, intervenciones adecuadas a cada situación, desde terapias individuales, familiares, de grupo, o asistidas con animales. En todas ellas buscando la mayor efectividad y teniendo en cuenta su evidencia científica.
Independientemente del tipo de terapia que mejor se adapte a cada cual, el objetivo es el mismo: acompañarlos en su proceso de recuperación emocional y ofrecerles las herramientas necesarias para manejar sus emociones y hacer frente a las adversidades. También trabajamos con las familias para mejorar sus habilidades parentales y promover una educación protectora y basada en el afecto y el respeto, lo que repercute directamente en la salud mental de sus hijos e hijas.
Promover una buena salud mental es una de las metas de la ONU concretada en el Objetivo de Desarrollo Sostenible 3: garantizar una vida sana y promover el bienestar para todos y todas en todas las edades.
Gracias a muchas empresas y fundaciones amigas podemos seguir garantizando la salud mental de los niños, niñas y jóvenes que atendemos, algo fundamental para su desarrollo y bienestar.
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