


A mediados de julio pasamos un día muy divertido en medio de la naturaleza con los voluntarios de Iberdrola y con los niños y niñas de la Aldea de Cuenca.
La educación a través del juego fue una máxima que impregnó la jornada, a través de las actividades que se desarrollaron en el embalse de la Toba, en la serranía de Cuenca. Allí se reunieron empleados voluntarios de la compañía, que con los niños, niñas y jóvenes de la Aldea de Cuenca y sus educadores hicieron equipo durante un día que combinó medio ambiente, deporte, aprendizaje e inclusión.
Los participantes disfrutaron de diversos juegos medioambientales, y realizaron actividades a bordo de piraguas, al tiempo que aprendían aspectos relacionados principalmente con la lucha contra el cambio climático y la conciencia de que cada acción, por pequeña que sea, suma en esta misión. Durante las actividades también se hizo hincapié en la importancia que el agua tiene en el planeta y su relación con la energía, aprovechando el entorno del embalse.
Iberdrola colabora con nosotros, en concreto con la Aldea de Cuenca y sus programas anexos, desde 2006. Durante todos estos años ha mantenido un alto grado de compromiso e implicación.
Gracias a este tipo de colaboraciones, desde Aldeas España podemos atender y proteger a niños y niñas que han perdido el cuidado parental y así poder hacer frente a la grave situación que vivimos en España: en los últimos 5 años, el número de niños y niñas que crecen en el sistema de protección ha aumentado en un 18%, pasando de los 42.628 que había en 2015 a los más de 50.000 de 2019.
En los programas de protección se trabaja para cubrir las necesidades básicas de los niños, niñas y adolescentes, generando un clima afectivo que les permita establecer vínculos seguros y apoyar su proceso madurativo.
Con las empresas amigas que nos apoyan de forma sostenida en el tiempo, realizamos acciones de voluntariado corporativo que involucran a sus empleados. Estas iniciativas, además de fortalecer su sentimiento de pertenencia a la empresa, hacen nuestras alianzas más fuertes. Los voluntarios nos dedican un poco de lo mejor que tienen: su tiempo, su energía y su espíritu solidario. Todo un referente positivo para los niños, niñas y jóvenes de nuestros programas.



